martes, 16 de abril de 2013


Si no estás prevenido ante los Medios de Comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido.                                   
Malcon X


Yo albergo el sueño de que un día todas las naciones se pondrán en pie y vivirán el verdadero significado de su credo. Yo albergo el sueño de que, un día...los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños, podrán sentarse a la mesa de la hermandad. Yo albergo el sueño de que, un día, incluso en el estado de Mississippi, ...se transformará en oasis de libertad y de justicia.

Martin Luther King

Mohandas Karamchad Gandhi


En la Lucha de la no violencia, no hay espacio para la derrota. Si continuamos propagando “El Ojo por Ojo  el mundo entero quedara ciego”. Lo que se obtiene con violencia solo puede mantenerse con violencia, puesto que la violencia no es más que el miedo a los ideales de los demás. No hablo de guardar silencio ante la injusticia; lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena. Pero si queremos cambiar el mundo empecemos por cambiarnos a nosotros mismos. La verdad es totalmente interior. No hay que buscarle fuera de nosotros, ni querer realizarla luchando con violencia con nuestros enemigos. No. Con frecuencia pienso que puesto que soy imperfectos y necesito la Tolerancia y la bondad de los demás, también he de Tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerle remedio. No me gusta la palabra tolerancia pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia las creencias de los demás el mismo respeto que se tiene por la propia.

Mohandas Karamchad Gandhi


sábado, 6 de abril de 2013

Comandante de la Esperanza Canción de Enrique Valles

Comandante de la Esperanza Canción de Enrique Valles 
El Canta Autor Enrique Valles cantando en la UPEL
http://www.goear.com/listen/af9cb43/comandante-de-la-esperanza-enrique-valles

http://www.goear.com/listen/af9cb43/comandante-de-la-esperanza-enrique-valles

Comandante de la Esperanza Canción de Enrique Valles con un texto expropiado y descompuesto de Daniela Saydman (10-03-2013) Aquí tu rostro de quijote valiente, aquí tus manos de obrero tu voz de trueno, tu gesto de niño travieso, tus labios de padre y tu abrazo de abuelo, tus pies de guerrero... Aquí tú, aquí tú, aquí siempre, aquí tú, para siempre, Comandante de la esperanza, de los sueños buenos, recibimos tu legado, Comandante de la esperanza Ardiendo en llama viva, Incendiando las palabras que buscamos para llamarte. Comandante Cabalgas a lomo de historia por Nuestra América, y te fundes con nuestras canciones hoy te enarbolas al viento como bandera en mástil de nubes al vuelo estás presente, porque no cabes en un adiós. Y hoy ya sembrado en la tierra, en el árbol y en la estrella. Cómo entonces despedirte... Y regresas como Guaicaipuro con la certeza de convertirte en millones Yo soy, tú eres y siempre seremos Comandante de la esperanza, Luchas como pueblo y triunfas siempre Comandante de la esperanza dando aliento a cada hambriento y me perdonan la arrogancia, pero yo te libero Comandante Comandante de la esperanza Ayer Patria ahora Continente Comandante de la esperanza América te enviamos nuestro hijo más preciado, cuídalo, lucha con él dignamente Con mi comandante Hasta siempre Comandante Hoy Chávez somos todos Comandante 

viernes, 5 de abril de 2013

Mensaje del Gran Jefe Seattle al Presidente de los Estados Unidos


Mensaje del Gran Jefe Seattle al 
Presidente de los Estados Unidos

Esta es la carta que escribió el jefe de una tribu india nativa norteamericana al presidente de los EEUU en el año 1855. Se considera el primer manifiesto ecologista de la historia...



   El gran Jefe de Washington nos envía un mensaje para hacernos saber que desea comprar nuestra tierra. También nos manda palabras de hermandad y de buena voluntad. Agradecemos el detalle, pues sabemos que no necesita de nuestra amistad. Pero vamos a considerar su oferta, porque también sabemos de sobra que, de no hacerlo así, quizá el hombre blanco nos arrebate la tierra con sus armas de fuego.

     Pero... ¿Quién puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa idea es para nosotros extraña. Ni el frescor del aire, ni el brillo del agua son nuestros. ¿Cómo podría alguien comprarlos? Aún así, trataremos de tomar una decisión.
Mis palabras son como las estrellas: eternas, nunca se extinguen. Tenéis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada aguja de un abeto, cada playa de arena, cada niebla en la profundidad de los bosques, cada claro entre los árboles, cada insecto que zumba es sagrado para el pensar y sentir de mi pueblo. La savia que sube por los árboles es sagrada experiencia y memoria de mi gente.

       Los muertos de los blancos olvidan la tierra en que nacieron cuando desaparecen para vagar por las estrellas. Los nuestros, en cambio, nunca se alejan de la tierra, pues es la madre de todos nosotros. Somos una parte de ella, y la flor perfumada, el ciervo, el caballo, el águila majestuosa, son nuestros hermanos. Las escarpadas montañas, los prados húmedos, el cuerpo sudoroso del potro y el hombre..., todos pertenecen a la misma familia.

      Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington nos envió el recado de que quería comprar nuestra tierra, exigía demasiado de nosotros. El Gran Jefe nos quiere hacer saber que pretende darnos un lugar donde vivir tranquilos. Él sería nuestro padre, y nosotros seríamos sus hijos. ¿Pero eso será posible algún día? Dios debe amar a vuestro pueblo y abandonado a sus hijos rojos.

    Él ha enviado máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo, y con ellas se construyen grandes poblados. Él hace que vuestra gente sea, día a día, más numerosa. Pronto invadiréis la tierra, como ríos que se desbordan desde las gargantas montañosas, como una inesperada lluvia. Mi pueblo, sin embargo, es como una corriente desbordada, pero sin retorno. No, nosotros somos razas diferentes. Nuestros hijos y los vuestros no juegan juntos, y vuestros ancianos y los míos no cuentan las mismas historias. Dios os es favorable, y nosotros nos sentimos huérfanos. Aun así, meditaremos sobre vuestra oferta de comprarnos la tierra. No será fácil, porque esta tierra es sagrada para nosotros.

    Nos sentimos alegres en estos bosques. Ignoro el por qué, pero nuestra forma de vivir es diferente a la vuestra. El agua cristalina, que corre por los arroyos y los ríos no es sólo agua, es también la sangre de nuestros antepasados. Si os la vendiéramos tendríais que recordar que es sagrada, y enseñarlo así a vuestros hijos. De hecho, los ríos son nuestros hermanos. Nos libran de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran alimento. Cada imagen que reflejan las claras aguas de los lagos son el recuerdo de los hechos que ocurrieron y la memoria de mis gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

     Así es, Padre Blanco de Washington: los ríos son nuestros hermanos. Si os vendemos nuestra tierra, tendréis que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos -y en adelante, los vuestros- y tratarlos con el mismo cariño que se trata a un hermano.
Es evidente que el hombre blanco no entiende nuestra manera de ser. Os es indiferente una tierra que otra porque no la ve como a una hermana, sino como a una enemiga. Cuando ya la ha hecho suya, la desprecia y la abandona. Deja atrás la tumba de sus padres sin importarle. Saquea la tierra de sus hijos y le es indiferente. Trata a su madre -la Tierra- y a su hermano -el firmamento- como a objetos que se compran, se usan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Hambriento, el hombre blanco acabará tragándose la tierra, no dejando tras de sí más que un desierto. Mi gente siempre se ha apartado del ambicioso hombre blanco, igual que la niebla matinal en los montes cede ante el sol naciente. Pero las cenizas de nuestros antepasados, sus tumbas, son tierra santa, y por eso estas colinas, estos árboles, esta parte del mundo, nos es sagrado.
No sé, pero nuestra forma de ser es muy diferente de la vuestra. Quizás sea porque soy lo que vosotros llamáis "un salvaje" y, por eso, no entiendo nada.

    La vista de vuestras ciudades hiere los ojos de mi gente. Quizá porque el "Piel Roja" es un salvaje y no lo comprende. No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos, no hay ningún lugar donde se pueda oír crecer las hojas en primavera y el zumbido de los insectos. No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar desde el que poder escuchar en primavera el brote de las hojas o el revolotear de un insecto. Tal vez sea porque soy lo que llamáis "un salvaje" y no comprenda algunas cosas... El ruido de vuestras ciudades es un insulto para el oído de mi gente y yo me pregunto ¿Qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o el diálogo nocturno de las ranas en un estanque? Mi pueblo puede sentir el suave susurro del viento sobre la superficie del lago, el olor del aire limpio por el rocío de la mañana y perfumado al mediodía por el aroma de los pinos. El aire es de gran valor para nosotros, pues todas las cosas participan del mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre, todos. El hombre blanco parece no dar importancia al aire que respira, a semejanza de un hombre muerto desde hace varios días, embotado por su propio hedor. Pero, si os vendemos nuestra tierra, no olvidéis que tenemos el aire en gran estima, que el aire comparte su espíritu con la vida entera. El viento dio a nuestros padres el primer aliento, y recibirá el último. Y el viento también insuflará la vida a nuestros hijos. Y si os vendiéramos nuestra tierra, tendríais que cuidar el aire como un tesoro y cuidar la tierra como un lugar donde también el hombre blanco sepa que el viento sopla suavemente sobre la hierba en la pradera.


    Cuando el último de entre mi gente haya desaparecido, cuando su sombra no sea más que un recuerdo en esta tierra -aun entonces- estas riberas y estos bosques estarán poblados por el espíritu de mi pueblo, porque nosotros amamos este paisaje del mismo modo que el niño ama los latidos del corazón de su madre.

    Si decidiese aceptar vuestra oferta, tendría que poneros una condición: que el hombre blanco considere a los animales de estas tierras como hermanos. Soy lo que llamáis "un salvaje" y no comprendo vuestro modo de vida, pero he visto miles de búfalos muertos, pudriéndose al sol en la pradera. Muertos a tiros, sin sentido, desde las caravanas. Yo soy un salvaje y no puedo comprender cómo una máquina humeante -el caballo de hierro- puede importar más que el búfalo, al que sólo matamos para sobrevivir. ¿Qué es el hombre sin animales? Si todos los animales desaparecieran el hombre también moriría en la soledad de su espíritu. Lo que le suceda a los animales tarde o temprano le sucederá también al hombre. Todas las cosas están estrechamente unidas.

     Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la Tierra es su madre. Lo que le ocurre a la Tierra también le ocurre a los hijos de la Tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.
Nosotros sabemos que la tierra no pertenece al hombre, que es el hombre el que pertenece a la Tierra. Lo sabemos muy bien, Todo está unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. El hombre no creó la trama de la vida, es sólo una fibra de la misma. Lo que haga con ese tejido, se lo hace a si mismo. No, el día y la noche no pueden vivir juntos.
Tenéis que enseñar a vuestros hijos que el suelo que está bajo sus pies contiene las cenizas de los nuestros. Para que respeten la tierra, contadles que la tierra contiene las almas de nuestros antepasados. Nuestros muertos siguen viviendo entre las dulces aguas de los ríos, y regresan, de nuevo, con cada suave paso de la primavera, y sus almas van con el viento que sopla, rizando la superficie del lago.

    Consideramos la posibilidad de que el hombre blanco nos compre nuestra tierra. Pero mi pueblo pregunta: ¿Qué es lo que quiere el hombre blanco? ¿Cómo se puede comprar el Cielo, o el calor de la tierra, o la velocidad del antílope? ¿Cómo vamos a vender todo esto y cómo vais a poder comprarlo? ¿Acaso podréis hacer con la tierra lo que queráis, sólo porque firmemos un pedazo de papel y se lo entreguemos al hombre blanco? Si nosotros no poseemos el frescor del aire, ni el resplandor del agua, ¿cómo vais a poder comprarlo? ¿Es que, acaso, podéis comprar los búfalos cuando ya hayáis matado al último? Consideraremos la oferta. Sabemos que si no os la vendemos vendrá el hombre blanco y se apoderará de nuestra tierra.
Sabemos una cosa que, tal vez, el hombre blanco descubra algún día: nuestro Dios es vuestro Dios. Podéis pensar que ahora Él os pertenece, de igual manera que hoy deseáis que nuestras tierras sean vuestras. Pero no es así. Él es el Dios de todos los hombres y su amparo alcanza por igual a mi gente y a la vuestra.

     Consideraremos vuestra oferta de que vayamos a una reserva. Queremos vivir aparte y en paz. No importa dónde pasemos el resto de nuestros días. Nuestros hijos verán a sus padres sumisos y vencidos. Nuestros guerreros estarán avergonzados. Después de la derrota pasarán sus días en la holganza, y envenenarán sus cuerpos entre comida y alcohol. No importa dónde pasemos el resto de nuestros días. No quedan ya muchos. Sólo algunas horas -un par de inviernos- y no quedará ningún hijo de la gran estirpe que en otros tiempos vivió en esta tierra, y que ahora en pequeños grupos viven dispersos por el bosque, para gemir sobre las tumbas de su pueblo. Un pueblo que en otros tiempos fue tan poderoso y tan lleno de esperanza como el vuestro.

¿Pero, por qué entristecerse por la desaparición de una nación? Las naciones están hechas por hombres. Es así. Los hombres aparecen y desaparecen como las olas del mar. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común de las cosas. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos...
También los blancos desaparecerán, y quizá antes que otras estirpes. Continuad contaminando y corrompiendo vuestro lecho y cualquier noche moriréis ahogados en vuestra propia suciedad. Eso sí..., caminareis hacia la extinción rodeados de gloria y espoleados por la creencia en un Dios que os da poder sobre la Tierra y sobre los demás hombres. Cuando todos los búfalos se hayan ido, los caballos salvajes hayan sido domados, el rincón más secreto del bosque invadido por el ruido de la multitud, y la visión de las colinas esté manchada por los alambres parlantes, cuando desaparezca la espesura y el águila se extinga, habrá que decir adiós al caballo veloz y a la caza.
Será el final de la vida y el comienzo de otra. Por algún motivo que se me escapa, Dios os concedió el dominio sobre los animales, los bosques y los Pieles Rojas. Quizá podríamos comprenderlo si supiésemos qué es lo que sueña el hombre blanco, qué ideales ofrece a los hijos en las largas noches de invierno, y qué visiones bullen en su imaginación, hacia las que tienden el día de mañana.
Pero nosotros somos "salvajes". Los sueños del hombre blanco nos están vedados. Y porque nos están ocultos, nosotros vamos a seguir nuestro propio camino. Pues, ante todo, estimamos el derecho que tiene cada ser humano a vivir tal como desea, aunque sea de modo muy diverso al de sus hermanos. No es mucho lo que nos une.

     Consideraremos vuestra oferta... Si aceptamos es sólo por asegurarnos la reserva que habéis prometido. Quizá, allí podamos acabar los pocos días que nos quedan, viviendo a vuestra manera. Cuando el último Piel Roja de esta tierra desaparezca y su recuerdo sea solamente la sombra de una nube sobre la pradera, todavía estará vivo el espíritu de mis antepasados en estas orillas y estos bosques. Pues ellos amaban esta tierra, como ama el recién nacido el latido del corazón de su madre. Si os llegáramos a vender nuestra tierra, amadla -como nosotros la hemos amado-. Cuidad de ella -como nosotros la cuidamos- y conservad el recuerdo de esta tierra tal como os la entregamos.


 ¿Dónde está el bosque espeso?: Desapareció. ¿Qué ha sido del águila?: Desapareció. Así se acaba la vida y sólo nos queda el recurso de intentar sobrevivir.






CUALQUIER PARECIDO CON LA ACTUALIDAD NO ES NINGUNA COINCIDENCIA. EL ENEMIGO ES EL MISMO, LAS INTENCIONES SON LAS MISMAS, PERO LA SABIDURÍA DEL PUEBLO SIGUE CRECIENDO Y ASÍ COMO UNA VEZ UN HUMILDE INDÍGENA NORTEAMERICANO ALZO SU VOZ, HOY LA PATRIA GRANDE LEVANTA LA SUYA. CELAC , ALBA, MERCOSUR, PETRO-CARIBE SON SÓLO ALGUNAS DE NUESTRAS VOCES EN EL MUNDO. 

martes, 2 de abril de 2013

Nostalgias Cotidianas/ Semana Santa a la Venezolana


Semana Santa a la Venezolana

Autor: Hernán González Díaz

Las costumbres de los venezolanos en cuanto a la celebración de fechas religiosas, es como para coger palco.  Por ejemplo la Semana Santa. La Semana Mayor, como también se le conoce, esta impregnada por un tanto de folclor y otro tanto de tradición. Al punto de convertirse por así decirlo en una celebración muy, pero muy original. La religión oficial venezolana es la católica, y en tal sentido en el país, se realizan, actos de todo tipo. A saber: procesiones, penitencias, peregrinaciones, misas, bendiciones del agua y también de palmas, la bendición del mar tampoco falta. Muchos cuelgan en sus hogares, tantos elementos tras la puerta, a saber: sábila, cruces de palma bendita, frasquitos de agua también bendita, imágenes del Santo de su predilección, (San miguel, la Mano Poderosa, La Virgen del Carmen) que uno no logra explicarse que la citada puerta no se descuadre de tanto peso, porque hay que ver el tamaño de la penca de sábila y del frasco, amen de alguna pintura alegoría enmarcada. También por estos días  queman incienso, e incluso algunos queman algún monigote al que llaman Judas, como representación simbólica de desprecio al que en la Biblia se le responsabiliza de traicionar a Jesús.
Las creencias y supersticiones no se quedan atrás, entre ellas están aquellas que aseguran que en Semana Santa, no se puede barrer, con la consecuencia terrible de que la casa se vuelve un chiquero y si por casualidad se quema algún bosque (como suele pasar) ya usted sabe que vivirá durante 7 días entre cenizas, ramitas quemadas y mucho tizne. Otra creencia es aquella de que no se puede trabajar, en especial si su trabajo tiene que ver con oficios como la latonería, la carpintería, la mecánica y todo aquello que le obligue a martillar o clavar, puesto que si así lo hiciera se toma como si usted estuviese clavándole los clavos al Cristo. En tiempos de mi abuelita, durante estas fechas, no se podía usted bañar, y uno no se explica, como se metía toda aquella gente sin bañarse en un templo, recordemos que la semana en cuestión siempre cae en pleno verano y el calor y el sudor se hace insoportable. Y que  decir de sus acostumbradas palabrotas, palabrotas que ya eran tan suyas y sentidas que da alguna manera usted era tentado por el diablo (el cual se cree que en estos días andaba suelto), y tras dejar escapar desde lo más profuso un Co... de .... M..... Usted, como buen católico se persignaba y pedía un perdón que resultaba ser más automático, que sentido. En los tiempos de mi abuela, la radio y la televisión detenían la programación  y solo se oía música acorde con los días que trascurrían. Pero, hablando de música, usted no podía cantar, ni bailar, ni escuchar música, a excepción de la denominada Sacra o creada para alabar al Dios de los Cristianos (Aclaro que esa música era solo para escuchar y no para bailar, no vaya a ser que me mal interpreten). Otras creencias se van a los extremos como aquella de no comer carne. El no comer carne, así como el no poder clavar, se hacía extensivo a la vida íntima y en tal sentido usted no podía hacer el amor, porque eso es comer carne y de seguro los infractores se convertirán en pescado.
Hoy en día esta demostrado que el venezolano es un creyente fuera de lo común. Y por ello, como los tiempos de la abuela han pasado, muchos devotos se prestan a esta celebración embalando y comprando todo lo que sabe que para ser un buen católico se refiere. A saber: Traje de baño, bronceador, cervezas, sombrillas, salvavidas, cervezas, comida enlatada, carbón, carne,  (por que en la playa casi no se consigue), cervezas, domino, barajas, bingos, cervezas, colchonetas, hamacas, cervezas, cocinas eléctricas, carpas, cervezas,  preservativos, equipos de sonidos, los mejores 50 C.Ds , y por supuesto algo que no podía faltar en una fechas tan importantes para el recogimiento y el acercamiento a lo espiritual, LA CERVEZA. Pues es así como lo oyen y aquí es donde los nuevos católicos rompen con aquel viejo proverbio de que Todo tiempo pasado fue Mejor, pues en opinión de los herederos de las viejas tradiciones ellos sostienen que esta es una mejor manera de celebrar la Semana Mayor.